GolfConfidencial – Redacción, 21 de Octubre del 2019

No suele ser muy habitual que a un jugador o jugadora de golf le pongan una sanción en un torneo, máxime si es un profesional, pero más raro es incluso que una sanción alcance unas medidas desproporcionadas, como le ocurría hace unos días a Lee Ann Walker.

Para entender esta historia hay que remontarse al inicio, al primer día del Senior LPGA Championship, cuando Lee Ann Walker disputó su ronda sin pena ni gloria y al día siguiente saltó la alarma.

En esta segunda vuelta, cuando marchaba entre el quinto y el sexto hoyo, el caddie de una de sus compañeras de partido de ese día, Laura Baugh y Laura Shanahan Rowe, le comentó un hecho aislado que el día siguiente habían pasado todas por alto.

Y es que, como todos ustedes saben, a principios de año entró en vigor una norma, la 10.2b, que reza lo siguiente: se prohíbe que un caddie indique a su jugador la «línea de juego» a seguir por su bola mientras este ejecuta el golpe. Es decir, que no puede actuar de referencia para que un golfista pueda apuntar mejor cuando va a golpear. Sí puede hacerlo antes», algo que se olvidaron el día anterior.

Walker llamó a un árbitro y le notificó la situación, teniendo que recordar cuántas veces había infringido la normativa a lo largo de casi una ronda y media de juego.

Al final, la jugadora tuvo que anotarse en su tarjeta dos rondas, una de 127 y la otra de 90 golpes, para 217 en total, siendo 58 de ellos de sanción. Una auténtica barbaridad.

Lo extraño es que esta jugadora, aunque ya retirada, no conociera la norma, ya que empezó a utilizarse en enero, no precisamente hace poco, por lo que estaba más que implantada en la competición: »¿Qué puedes hacer llegados a este punto? Es mi culpa por no conocer las normas. No hay nadie más a quien culpar. He aprendido una lección hoy».